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Ir a CulturaIr a Cultura / Julio 2018

Archivo: Julio 2018

PONER ALAS
¿Qué nos recuerda un libro abierto? ¿Qué imagen nos lo representa? Tal vez, a mí al menos, un pájaro volando. Como cuando sobre un cielo límpido dibujamos  pájaros que se divisan a la distancia. Y esa representación no es casual, la analogía entre un libro abierto y los pájaros tiene una real correlación, nada mejor que la lectura para hacer volar nuestros más maravillosos sueños haciendo que nos traslademos a mundos imaginados por el escritor, viviendo las historias de los personajes como si fueran propias. Todas esas maravillas y muchas más están encerradas en un libro que se encuentra cerrado, como pájaros enjaulados. ¿Y qué necesitan los libros? primero y principal: ser leídos pues así cumplen con su misión que les fue encomendada por toda la humanidad. Fran Kafka decía «Un libro debe ser como un hacha que rompa el mar helado  dentro de nuestra alma». Pero ¿qué les sucede a aquellos libros que tras ser leídos son acomodados en un estante de una biblioteca? O peor aún, que son guardados en algún placar o cajón sin la posibilidad de alguien lo vea y lo pida prestado al dueño.  Costumbre mía es, al entrar a una casa, arrimarme a la biblioteca, en caso de que la hubiera, y mirar que libros hay, es notable todo lo que se puede conocer de una persona tan solo revisando la biblioteca.  Siguiendo el hilo de la imaginación, los libros archivados en los estantes ¿No deberían empezar a morir? si los personajes cobran vida al leerlos, al dejar de hacerlo deberían éstos perder identidad,  disolverse sus personajes y finalmente desaparecer dejando el libro en blanco. Pero sabemos que no es así, la tinta no se evapora, los personajes no mueren, pero pierden la función primordial: la de ser leídos. ¿Cómo solucionar tan tremendo drama? ¿Cómo evitamos que las historias queden en un mundo de oscuridad? ; abriendo las puertas de nuestras bibliotecas para que nuestros libros vuelen y cobren vida en otras mentes, no por ello seremos menos ricos. Como en Farenheit 451 de Ray Bradbury, somos los libros que leímos, no los que adornan los estantes. Hace algunos días mientras paseaba por un plácido barrio porteño, sobre una baranda y al resguardo de las inclemencias del tiempo se hallaba un libro que en un principio creí abandonado o perdido, lo llevé a casa, que otra cosa se puede hacer, y al abrirlo había un hermoso mensaje «Si me tomas, léeme y vuelve a dejarme volar, no quiero morirme en un placar. Así soy feliz». Miré mi biblioteca y me sentí como un avaro que cuenta sus monedas que atesora sin gastar, algunos de ellos son de consulta constante, pero la gran mayoría fueron leídos y archivados. Comprendí que aunque los haya comprado no son realmente míos. Así que empezaré a dejarlos volar, con un mensaje en su portada que explique su intención, de allí en más, su destino estará en otras manos, esperando que comprendan la importancia de leerlos y dejarlos seguir volando, respetando su valor intrínseco y no material. «Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora»
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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