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Ser hacia el futuro
Cada vez más, el hombre irá entendiendo su condición y contribuirá a un mundo en el cual todos somos uno, no importa bajo qué bandera ni qué Nación o cultura.
Respetando nuestras tradiciones, religiones e idiomas pero no utilizando tales como razón para dividir a las personas, porque creo  que las banderas nos cobijan, no nos separan. El aceptarnos unos a los otros traerá paz. El aceptar que podemos ganar, pero también perder, nos dará riqueza de espíritu y mayor madurez como sociedad.
Y cuanto más se eduque a las personas y se las haga participar, más futuro construiremos.
El hablar con la verdad no debe ser como plantar un cactus, que a alguien ha de pinchar, sino un reflejo natural para actuar con justicia, este último valor indispensable para consolidar la paz.
Dios quiera que el diálogo y el respeto jamás se vean como una debilidad, mientras la violencia en el mundo es utilizada para imponer razones y criterios.
Si es así, preferible ser débil, pero justo, y no fuerte pero tirano.
Para dejar en manos de las nuevas generaciones más herramientas y no más preocupaciones y conflictos.
Fortalecer el diálogo. Dar el ejemplo para que los niños vean que ninguna otra actitud resuelve un problema y menos aún empleando malos tratos.
Lo mejor es dedicarse a enriquecer argumentos y nuestra propia capacidad de entender al otro.
Es importante enfocarnos en aquello que deseamos transmitir, hablando cortésmente y con claridad. Y saber escuchar, ponerse en el lugar del otro por un minuto -dice una reflexión: «Antes de juzgar a una persona, camina cincuenta pasos en sus zapatos»- interpretar sus inquietudes y preocupaciones, prestarle atención y el oído para que pueda expresarse y se sienta cómodo al hacerlo.
Es cierto que se deben defender con solidez y firmeza nuestras convicciones, pero quien es firme deberá también saber ser flexible.
Siempre es conveniente analizar a la gente por lo que hace y dice, echemos un vistazo a sus actos y tratemos de ver sus motivaciones.
No permitamos que nadie nos avasalle o nos humille, mantengámonos erguidos y hagámonos respetar, haciendo de la diplomacia bandera.
Enseñemos a actuar con honor, con integridad y con criterio. Procedamos con prudencia al hablar y al actuar, pero esto no significa titubeo ni tibieza, lo que emprendamos debe ser llevado a cabo con vigor y determinación.
No deberiamos pretender cambiar al otro; busquemos un camino para recorrer todos juntos, sin empujarnos.
No interesa qué pensemos, qué ropa o peinado usemos, cómo nos veamos o qué fe profesemos, mañana es hoy, y es ahora el momento de estar unidos y avanzar. Para dejar a la posteridad un mensaje positivo, salvaguardar la integridad de los principios en el futuro.
Cristian Gentile

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