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EXPERIENCIAS
La experiencia es un valor muy apreciado por la humanidad, desde siempre ha tenido «buena prensa» y muchos dichos y refranes se refieren a ella con alta estima, nadie duda que así es, quien podría desdeñar la experiencia, más cuando es propia, pero hace un tiempo me topé con una frase, no recuerdo donde ni de quien, la misma decía: «Uno aprende a techar su casa cuando ya la terminó» es decir que la experiencia llega tarde, y me remito a otra más popular «La experiencia es un peine que te dan cuando ya te encuentras calvo». Claro que uno razonaría: La experiencia sirve para otras oportunidades, al hacer o decir nuevamente algo ya tengo la experiencia de lo hecho anteriormente, pero nuevamente algo me perturba, no es que «nadie se baña en el mismo rio dos veces». Un día le sigue a otro día, así toda la vida y aunque uno sea similar a otro, nunca será exactamente igual, con los trabajos es igual y si bien A.Einstein decía: «Solo un tonto hace dos veces lo mismo y espera distinto resultado» lo cierto es que cuantas veces hemos hecho, por ejemplo, una comida y si bien seguimos la misma receta, el resultado no es igual.
En algunas oportunidades la experiencia es un «ancla» que nos impide ver los problemas de forma distinta, hay una disciplina que enseña a analizar los problemas desde otro punto de vista llamada «pensamiento lateral». Hay seguramente alguna variable que estoy pasando por alto para que toda la ecuación cierre y que, como todos sabemos, la experiencia, sí sea un valor agregado a nuestra vida. Creo adivinar que el condimento que falta es: El criterio, ese moderador que atraviesa nuestras decisiones, desde las más simples hasta las más complejas y, ese sí que utiliza la experiencia para actuar, pues el criterio, igual que un alquimista mezcla la experiencia de algo pasado que ya no sirve para la situación actual con una nueva visión de la circunstancia a resolver, toma lo que sirve de la experiencia sabiendo que no la puede aplicar en un 100%. Cuanto aplicar de experiencia y cuanto de inventiva es el trabajo del criterio, por ello hay personas que tropiezan dos veces con la misma piedra mientras otras sortean mejor cada circunstancia, se dice: son más criteriosas.
Afortunadamente el criterio está repartido uniformemente entre los humanos, solo que no el mismo. Los más criteriosos en algunos aspectos de la vida, pueden carecer del mismo para otras circunstancias. Por ello la experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede. Así entre tropiezos y éxitos, fracasos y alegrías discurre la vida sabiendo que siempre es mejor tener experiencia que no tenerla y que «El zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo»   
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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